Esta semana no he podido hacer otra cosa más que pensar en la pasión.

En mi pasión, en qué es lo que me mueve a hacer las cosas que hago más allá de las necesidades primarias y secundarias ya estudiadas por la psicología. Quizás en un intento burdo de comprender mi propia subjetividad a través del análisis de parámetros establecidos por años y años de investigación de personas que se dedican a discernir y categorizar “las circunstancias” que nuestro cuerpo nos permite experimentar o estudiar.

Así que buenos días, tardes o noches en función de la franja horaria en la que me leas, hoy voy a escribirte sobre lo que me mueve.

Sin entrar en mucho detalle, ya que eso daría para un libro entero, he compartido tiempo con perfiles de personas a las que primeramente podría decir que he dedicado atención en lugar de prestarlas a otras que me enriquecen mucho más. Pero realmente han labrado la persona que soy a día de hoy facilitándome (en interacción con mi toma de decisiones) el trabajo de la paciencia, empatía, resolución de conflictos, simpatía, límites etc etc… 

«Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros» es la premisa de la que vamos a partir.

Por lo que me gustaría compartir la siguiente reflexión:

Hay que tener cuidado con las personas que permitimos que nos influyan en nuestro día a día porque acabamos convirtiéndonos un poco en ellas, y aunque pensemos que de la interacción puede surgir un ambiente enriquecido, normalmente las personas que no tienen cierto orden interno (hábitos y rutinas saludables…) te trasladan un poquito de su caos.

Durante mucho tiempo confundí la intensidad con la profundidad. 

Creía que aquello que más espacio ocupaba en mi mente debía ser necesariamente lo más importante. Que la pasión se medía por cuánto me alteraba el cuerpo, cuánto me costaba soltar o cuánto necesitaba comprender a la otra persona. Y quizás parte de eso tenía sentido dentro de mi propia historia. Cuando una crece asociando el amor con cierta imprevisibilidad emocional, el sistema nervioso aprende a leer la intensidad como conexión.

Entonces aparecen relaciones que se sienten magnéticas. Relaciones donde el cuerpo se activa, la atención se concentra y la mente comienza a organizarse alrededor de la otra persona. Y aunque eso puede sentirse como una química irrepetible, también puede contener ansiedad, miedo a la pérdida o necesidad de regulación emocional.

Creo que una de las cosas más difíciles de aceptar es que la activación no siempre habla de compatibilidad. A veces habla de familiaridad. De patrones aprendidos. De la sensación de estar reviviendo algo que el cuerpo ya conoce, aunque no necesariamente sea bueno para nosotras.

Y aun así, no creo que la solución consista en apagar la intensidad o convertirnos en personas frías. Al menos no en mi caso. Me encanta el caos con cierto orden. Yo sigo siendo una persona profundamente apasionada. Me apasiona crear, comprender, conectar, escribir, aprender, conversar y sentir la vida intensamente. La diferencia es que ahora empiezo a preguntarme si esa intensidad se expande o me consume porque este sentir me ha llevado a relaciones de abuso emocional.

Porque el deseo consciente, quizás, no consiste en sentir menos. Consiste en permanecer conectada con una misma mientras sentimos. Poder preguntarnos: ¿hay paz aquí o solo urgencia? ¿estoy eligiendo a esta persona o reaccionando a lo que activa en mí? ¿puedo expresarme libremente o vivo pendiente de no perder la conexión?

Con el tiempo he entendido que la verdadera intimidad probablemente no sea aquella que más nos desregula, sino aquella donde podemos seguir habitándonos a nosotras mismas sin dejar de sentirnos profundamente.

Y quizás ahí empieza una forma distinta de pasión. Una menos dramática, pero más libre.


Dicho esto, me despido del blog durante un tiempo, pero seguiré por instagram.

Toca trabajar para reenfocar la página en algo quizás más profesional, quizás no, pero hacerla más accesible. Muchas gracias por haberme leído tanto si has llegado hoy, hace poco, llevas más tiempo o estás desde el inicio (tiempos de pandemia) leyendo mis pensamientos, que no son más que lo voy viviendo y estudiando, pero tampoco son menos que eso.

¡Salud, café y muchas filosofadas!

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @jovenpadawan

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *