Cómo presupuestar tiempo, energía y afectos para no acabar en números rojos emocionales — con una mirada a la DANA en Valencia y a la “sociedad del cansancio”.
Tantos hilos deshilachados que una aprende a coser hasta con la motricidad fina regulinchi.
Entre el orden y el caos —esa cuerda floja donde se balancea la vida— me ando preguntando cómo relacionarme con cada parcela de mi existencia. Ojalá este texto te saque un poco de la tuya y te permita verla a vista de pájaro.
“Somos el resultado de lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros.”
(Sartre, guiño)
¿Se puede comparar el cuidado (propio y del ajeno) con las finanzas personales? Vamos a verlo. Las analogías me chiflan porque nos dejan pensar lo pensado con otras gafas..
1) Balance entre inversión y gastos
Inversión en una misma. Igual que invertir en activos de calidad mejora una cartera, ¿cuáles son los “activos premium” del cuidado? Salud, descanso, formación y bienestar emocional. Tiempo y recursos dedicados aquí generan capacidad para lidiar con las mierdas de la vida.
Gastos en los demás. Cuidar a otras personas es una inversión emocional. Toca evaluar cuánto damos y si afecta nuestra estabilidad. Como con el dinero: no gastes más de lo que tienes o te endeudas (emocionalmente).
2) Fondo de emergencia (emocional)
Un colchón financiero da estabilidad ante imprevistos; un colchón emocional (tiempo y energía reservadas para nosotras) nos sostiene cuando arrecia. Se construye con prácticas que recargan: meditación, ejercicio, escritura, terapia, paseos, silencio. Evita el “quedarse a cero”: dar más de lo que tenemos lleva al agotamiento, como quedarse sin liquidez justo en la urgencia.
3) Prioridades y presupuesto de tiempo/energía
Arma un presupuesto vital: bloquea en agenda lo que de verdad importa. Como dice mi buen amigo Xavi: “hay que saber bien a quién o qué le dedicas la energía y la vitalidad; si no hay equilibrio, esos cuidados no vuelven.”
Practica gastos intencionales: no inviertas tu tiempo-cuidado en dinámicas que no aportan al bienestar general.
4) Ahorro para el futuro
Autocuidado como ahorro acumulado. Hábitos saludables hoy (sueño, comida, movimiento, vínculos) fortalecen el bienestar mañana.
Evita el endeudamiento emocional. Comprometerse más allá de lo posible genera resentimiento e intereses usureros en forma de culpa y agotamiento.
5) Diversificar recursos
No pongas todos los huevos afectivos en la misma cesta. Diversifica fuentes de bienestar: amistades, actividades que disfrutas, momentos de soledad. Como me dijo Mayka (aprox.): “mejor no pedir dos veces seguidas a la misma persona; no quiero sobrecargar.”
No dependas de una única persona para sostenerte. Es pegriloso.
6) Revisión periódica y ajustes
Como con las cuentas, audita tus gastos de energía y tiempo. ¿Sigue alineado con tus metas de vida? Ajusta según la estación, el cuerpo, la agenda y la realidad compartida.
7) Cuidado como capital emocional
Cuidarte acumula capital emocional: reservas desde las que ofrecer sin quedarte vacía.
Mira el ROI (retorno de la inversión) emocional: en relaciones sanas el cuidado fluye —no es contabilidad exacta, pero si el desbalance se cronifica, quizá toca repensar.
8) Estrategia a largo plazo
Planifica tu plan de retiro emocional: hábitos, límites, personas con las que sientes seguridad. Invierte en relaciones de calidad; desinvierte en vínculos que sólo dan pérdidas.
El cuidado como antídoto a la “sociedad del cansancio”
Vivimos bajo la consigna del rendimiento. La autoexplotación se aplaude y la fatiga se normaliza. El cuidado, aquí, es radical: interrumpe el ritmo productivista y nos devuelve a un tiempo humano. No “sirve” a la eficiencia; sirve a la vida.
Cuidar como resistencia
El sujeto de rendimiento es su propio jefe y verdugo. Cuidarse desacelera, des-optimiza, desarma la idea de que solo valemos por lo que producimos.
Cuidado y tiempo
El cuidado rompe la tiranía del reloj. Es “perder” tiempo para ganarnos de vuelta.
Práctica de libertad
Cuidar es reconocer límites, aceptar interdependencia y habitar la vulnerabilidad como fuerza común.
Cuando la realidad golpea: la DANA en Valencia
- Cuidado del entorno: no es “extra”, es supervivencia. Prevenir importa tanto como reparar.
- Cuidado comunitario: redes, voluntariado, apoyo mutuo, escucha y reconstrucción emocional.
- Instituciones que cuidan: planificación, infraestructuras, urbanismo que respete la naturaleza.
La tentación de volver rápido a la “normalidad” olvida que esa normalidad era parte del problema. Reconstruir con cuidado es otra ruta: más consciente, más sostenible, más humana.
Ansiedades contemporáneas y el cuidado como respuesta
Nuestro “presupuesto de cuidado” también se erosiona por los grandes fantasmas colectivos que atraviesan nuestra época. Nombrarlos ayuda a diseñar estrategias.
👵🏼 Miedo a envejecer e inseguridad social (gerascofobia)
No solo es la arruga o el cuerpo que cambia, sino el miedo a perder seguridad social, ingresos y relevancia. El cuidado aquí es crear ahorro emocional y vínculos intergeneracionales: diversificar no solo tus finanzas, sino tus fuentes de sentido, compañía y apoyo.
💰 Desigualdad económica: ira e injusticia
La brecha económica es una herida que se traduce en ira, frustración e impotencia. La desigualdad agota porque nos enfrenta constantemente a la injusticia. El cuidado aquí implica dos movimientos: proteger tu energía (no vivir todo el día en el scroll de la indignación) y canalizar esa ira en acciones colectivas, redes solidarias y cooperación. Cuidar(se) también es politizar el malestar.
🧳 Competencia laboral y ansiedad
El mercado laboral se ha vuelto una jungla: contratos precarios, exigencias infinitas, la idea de que si no rindes, quedas fuera. Esto genera ansiedad crónica. Aquí el cuidado se parece a poner límites y diversificar identidad: tu valor no se reduce a tu productividad. Tener espacios de reconocimiento fuera del trabajo (amistades, proyectos, placer) es parte del “fondo de emergencia” para no hipotecar tu salud mental en nombre de la competitividad.
🌎 Crisis climática y el miedo como impulso de acción
El colapso climático no es un miedo abstracto: es real y cada vez más cercano (las DANAs en Valencia lo gritan). Ese miedo puede paralizar o puede movernos. El cuidado aquí no es negar el problema, sino transformar el miedo en motor de acción: desde cambios cotidianos hasta la participación en movimientos colectivos. Cuidar del planeta es cuidar de nosotros mismos en la escala más radical.
¿Piensas (sin querer) en clave autoexplotadora? Mini auto-chequeo
- Autoexplotación y rendimiento: ¿te valoras solo cuando produces? ¿descansar te parece “perder el tiempo”?
- Individualismo y competencia: ¿te comparas para medir tu valía? ¿pedir ayuda te incomoda?
- Éxito como única meta: ¿tus relaciones son “inversiones”?
- Optimización constante: ¿todo ocio debe “sumar” algo?
- Identidad-marca: ¿te gestionas como producto vendible?
- Responsabilización total: si algo sale mal, ¿automáticamente es culpa tuya?
Si varias te suenan… la salida no es dejar de hacer, sino cambiar la lógica: del rendimiento al cuidado.
Un ejemplo práctico de organización (para probar esta semana)
- Presupuesto: 20 h/semana para “cuidado total”.
- Autocuidado (10 h): 3 h ejercicio, 2 h lectura/meditación, 5 h descanso/ocio sin objetivo.
- Cuidado de otras personas (10 h): 4 h familia, 3 h amistades, 3 h comunidad/voluntariado.
- Reglas: el autocuidado es prioritario; la redistribución es temporal y con fecha de revisión.
- Revisión: cada domingo, 10 minutos de auditoría amable: ¿qué me dio energía? ¿qué me drenó? ¿qué ajusto?
Cierre: recuerda que te vas a morir (y por eso cuida)
La vida es corta. No para producir más, sino para vivir mejor. Cuidar —de ti, de otras, del entorno— es la revolución silenciosa que pone la vida en el centro. Coser con hilos deshilachados no es chapuza: es artesanía vital.
Créditos y notas
Sobre fondo emocional y prácticas de cuidado: meditación, ejercicio, escritura, terapia, redes de apoyo.
Inspiración filosófica: Sartre y reflexiones sobre la “sociedad del cansancio” (Byung-Chul Han).
Frases de Xavi y Mayka: usadas con su permiso tácito y el cariño correspondiente.