Pasión, amistad… y el peligro de creerse la intensidad
Como dije en el anterior blog, hoy quiero hablar de la pasión y la amistad.
Aunque, siendo honestas, esto sirve para casi cualquier relación.
Hay algo que, desde hace un tiempo, dejó de fascinarme: la gente “casada” con sus ideas.
O mejor dicho:
la gente que parece apasionada.
Porque claro, la pasión vende muy bien.

Durante años me dejé llevar por esa energía: personas intensas, implicadas, con brillo en los ojos.
Hablaban de la vida, de mí, de proyectos compartidos… y todo parecía bastante convincente.

Y ahí empiezan las preguntas incómodas.
Cuando te sientes elegida, especial y viva…
¿es interés profundo… o necesidad de estímulo?
¿es conexión… o alguien proyectándose muy fuerte?
Porque no todo lo que arde calienta.
Y no todo lo que emociona vincula.
(Aunque ojalá fuera tan fácil.)

Luego viene la parte que ya no es tan divertida:
mirar la conducta. No lo que dicen. No lo que parece.
Lo que hacen cuando baja el estímulo.
¿Qué pasa cuando ya no eres novedad?
¿Siguen estando… o se diluyen con bastante dignidad?
Porque cualquiera puede parecer apasionado con:
– un plan interesante
– dos cañas
– y un poco de salseo bien elegido
Pero muy pocos lo son cuando no hay nada que demostrar.
Ahí la cosa se pone menos épica.
Y claro, llegan más preguntas.
De las que no siempre apetece hacerse:
¿Te han elegido… o te han vivido mientras eras interesante?
¿Cuántas veces te has creído una emoción que no tenía estructura detrás?
Y una aún mejor:
¿tú también has sido esa persona alguna vez?
(Spoiler: probablemente sí.)

Porque aquí NO siempre hay villanos.
A veces solo hay intensidad sin profundidad.
Gente que siente mucho… pero no sostiene.
Que conecta rápido… pero no construye.
Y otros (nosotros) que queremos creer que eso era algo más.
Con el tiempo, algo cambia. Dejas de flipar con la intensidad. Y empiezas a fijarte en lo menos espectacular: la repetición. Lo que alguien hace cuando ya no hay estímulo.
Cuando nadie mira.
Cuando no hay historia que contar.
Ahí es donde se cae todo… o donde empieza lo real.
Y ahora viene lo interesante:
Porque hay algo todavía más desconcertante que todo esto:
las personas que saben perfectamente cómo suena la profundidad…
PERO NO VIVEN DESDE AHÍ.
Sí, esas. Las que en teoría lo tienen clarísimo.
Pero eso… lo dejo para el siguiente.
(Spoiler: ahí ya no es solo decepción. Es confusión fina.)
¡Salud, café y muchas filosofadas!