¿Y a mí qué me importa el conflicto entre Venezuela y Estados Unidos?
Me importa no por Venezuela en sí, sino porque el conflicto entre Venezuela y Estados Unidos es un ejemplo claro de cómo se toman decisiones lejos que ordenan vidas cerca.
No es “ese país”.
Es la lógica: sanciones, presión económica, discursos de “es necesario”, daños asumibles.
Esa lógica también opera aquí.
En mi casa.

¿Qué son las “cadenas globales de poder” y por qué me afectan?
Son la respuesta a casi todas mis preguntas cotidianas:
- quién migra y quién se queda
- quién cuida y quién descansa
- quién ajusta cuando todo sube
- quién puede no enterarse y quién no puede permitirse no enterarse
No son abstractas.
Terminan en una persona concreta cuidando a otra persona concreta.
También deciden quién puede permitirse mantenerse en la inopia
y quién tiene que dedicar tiempo y energía a ver conexiones
que van más allá de los pelos enredados en su propio ombligo.
¿Sufres la migración en tu vida cotidiana?
No la “sufres”.
Convives con ella.
La mujer que cuida a tu tío.
La que limpia la casa de la amiga mayor de tu abuela porque ella ya no puede y vive rodeada de hombres que poco o nada van a hacer para mantener el orden que su cansancio necesita —ojo, hay que entenderlo, son hombres de otra época; ya no quedan así—.
La que sostiene servicios que permiten que otras personas no se rompan.
Muchas veces, esas personas de las que oímos quejas y más quejas
vienen de países empujados por crisis políticas y económicas.
El día a día se sostiene sobre esa migración, aunque no lo hayamos decidido.

¿La economía sostiene nuestro modo de vida?
Sí. Incluso si no trabajamos.
La vivimos en:
- los precios del supermercado
- la energía
- el transporte
- los cuidados disponibles
La economía no es números: es quién ajusta primero cuando algo falla.
Y casi nunca ajustan los mismos.

¿Qué discursos mediáticos consumo?
Relatos que dicen que es culpa de X o de Y.
De Maduro.
De Estados Unidos.
Del sistema de las piruletas, del determinismo o de los astros.
Discursos que simplifican la realidad
y hacen que no pregunte:
- quién paga el precio de lo que ocurre
- cuánto van a durar las mierdas que nos atraviesan
- a quién le toca el coste inmediato de una realidad impuesta por intereses que poco o nada tienen que ver con quienes la sufren.

¿Cuál es mi posición como mujer europea?
Vivo en el Norte global.
Tengo más protección estructural.
Puedo permitirme no saber… hasta que ya no.
Eso no me hace responsable de todo lo que ocurre en el mundo, pero sí me hace capaz de decidir si quiero mirar o no.
Mi espectro político se mueve entre:
- la comodidad y la conciencia
- la distancia y la implicación
- repetir y preguntar
Y saber eso, ya es una posición, pero no puede resumirse en una palabra.

¿Esto cómo afecta a mi día a día?
Me hace entender que nada es casual.
No es casual quién cuida. Ni quién limpia. Ni quién cobra menos y se cansa más.
Tampoco es casual tener que justificar los límites, o ni siquiera llegar a conocerlos.

¿Por qué tengo que leer reduccionismos todo el tiempo?
Porque “Maduro / Estados Unidos” es más fácil que explicar sistemas. Y porque no se nos ha enseñado a hacer mejores preguntas.
Sí, me cabrea no haber aprendido antes a hacerlas o ni tan siquiera saber si las estoy haciendo correctamente.
¿Por qué no tengo que tener opinión para todo?
Porque pensar no es opinar.
¿Sabes cuántas veces a lo largo de mi vida me han dicho que no tengo que tener una opinión para todo?
Muchas más de las que se han planteado que para pensar hace falta tener impresiones y debatirlas con quien crees que puedes hacerlo.
Por eso lanzo mis preguntas. No para decir “esto es así”, sino para entender antes de repetir,
sin caer en una neutralidad cómoda ni en una postura que repite sin comprender.
Aquí optamos por la responsabilidad crítica.

Para cerrar
No reflexionar y asumir discursos sin preguntarme el porqué hace que compre decisiones tomadas sin mí y deje que otros decidan qué vidas valen más.
Eso no es ideología. Es una descripción bastante exacta de cómo funciona el poder. Y no me da la gana aceptarlo sin más.
Si resumimos en una frase todo este vómito, lo haremos así:
Me importa porque entender cómo se decide el mundo
es la única forma de no vivir dentro de decisiones
que nunca sentí mías.
¡Salud, café y muchas filosofadas!
