En el último post ya comentamos que la autonomía es, digamos, el autogobierno interior con el que diseccionamos nuestra vida.
¿Dónde se planta esta semilla y por qué hay que prestarle atención al jardinero?
La primera toma de tierra de esa semilla es el lugar en el que se desarrolla, los nutrientes (acciones y ambientes) de los que se va alimentando, y luego llega el momento de decidir hacia dónde crecer.
Tomar decisiones, pensar críticamente y actuar con responsabilidad, vamos a decir.
Ser autónomo para educarse implica poder aprender, opinar y construir tu propio camino dentro del sistema, con los apoyos necesarios para hacerlo. Y una vez que esos apoyos existen, hablamos de educación inclusiva.
🏫 Cuando el entorno también aprende
Un sistema inclusivo no busca que una persona se “adapte” para encajar, sino que el entorno se transforme para que todos puedan hacerlo sin perder la identidad que los hace ser quienes son.
Porque sin esa identidad, inevitablemente, dejamos de ser nosotros mismos.
⚖️ Políticas con raíces y coherencia
Las políticas deberían centrarse en incorporar la autonomía como principio educativo, junto a la equidad y la accesibilidad.
Esto implica:
- Asegurar recursos estables para apoyos personalizados.
- Formar a equipos docentes que enseñen a pensar, no a repetir.
- Promover evaluaciones flexibles y justas, que midan el progreso desde la línea base de cada individuo, no desde lo que “se espera” que produzca.
- Garantizar la voz y participación del alumnado, especialmente de quienes más han sido oprimidos por distintos factores sociales.
Porque, al final, ahí se encuentra la mayor vulnerabilidad de quienes más sufren las grietas del sistema.
💡 Llevando la teoría a la práctica
Quizás las metodologías activas del aprendizaje puedan ayudarnos —eso que lo explique otra persona—, pero lo que sí tengo clarísimo es que la autonomía emocional y social es necesaria para enfrentarnos a un mundo cada vez más lleno de incertidumbres.
Enseñar a gestionar el tiempo, expresar necesidades y pedir ayuda también es educar.
🌍 Educar para la vida
Por eso, educar debería ser sinónimo de educar para la autonomía. Porque educar para la autonomía es educar para la vida, no para aprobar.
La autonomía, más que enseñarse, se permite. Un sistema inclusivo es aquel que confía en las personas, escucha sus ritmos y adapta sus estructuras para que cada quien aprenda siendo quien es.
Aunque quizás antes de todo esto, una tiene que empezar preguntándose: ¿Quién soy y qué hago en este mundo?
Ir dándonos respuestas a estas preguntas —que hay quien no llega a hacerse en toda una vida debido a múltiples factores— parece crear el impulso necesario para lograr la ya tan mencionada autonomía.
Va tomando diferentes formas según el período de vida en el que nos encontremos. Obviamente, no será igual la respuesta que me dé en esta fase de la vida que la que me di cuando era adolescente, o la que me daré cuando sea mayor a lo que soy ahora (si llego y no me ha dado un telele después de escribir esto).
El caso es que sí he podido reconocer lo que va erosionando a la misma:
- La sobreprotección y el miedo al error. Cuando alguien decide por ti “para evitar que sufras”, lo que realmente hace —a veces sin querer— es negar la experiencia que construye el criterio propio. Siempre hay que recordar que proteger no es lo mismo que anular.
- La falta de confianza. Tanto de los otros como de una misma. Cuando no se confía en que las personas podemos tomar decisiones válidas, se impone la obediencia. Esto ocurre mucho en entornos educativos y laborales: “hacer lo que te dicen que hagas” se premia mucho más que “pensar por una misma”.
- La dependencia del sistema o de la aprobación externa. La autonomía se debilita cuando necesita validación externa.
- Lo rígido, lo uniforme, lo vertical… En lugar de aprender a pensar, aprendemos a complacer.
- Las limitaciones del entorno. También es complicado poder llegar a ser autónomo cuando el entorno no te permite elegir, no tiene recursos, tiempo o seguridad. Pasa a modo supervivencia en lugar de ponerse a decidir.
- El pensamiento único y la desinformación. Son otras formas de atrofiar la autonomía mental.
Dicho lo cual, entendemos que la autonomía se apaga cuando alguien o algo te quita la posibilidad de elegir, equivocarte, pensar o actuar con sentido propio. Pero florece cuando el entorno confía, acompaña y deja espacio para que cada persona se descubra y decida a sí misma.
Esto nos lleva a comprender que, para ejercer realmente el derecho a la educación inclusiva, es imprescindible fomentar la autonomía, el autogobierno, la independencia, la voluntad y el libre albedrío.
Porque sin capacidad para decidir, elegir y participar activamente, el derecho existe solo en el papel, pero no en la vida.
Blendrix — Pure color-logic satisfaction. Connect matching nodes, plan chains three moves ahead, and watch the board morph into a single unified tone. The trick is restraint—set up cascades instead of chasing quick wins. Challenge: fastest perfect board clear—post your timer and path.
This is such a great point about autonomy in education! It really hits home how important it is to let kids be themselves and make their own choices. Inclusive education should be about empowering students, not just fitting them in!