Me encanta ir a la esencia de las palabras. Llamarlo así —esencia— hace que piense en las letras como si fueran pequeños fragmentos de alma.
La raíz de educar e incluir
Educación viene del latín y tiene dos raíces posibles, ambas muy interesantes:
- Educare → “criar”, “nutrir”, “guiar”. Proviene de e- (hacia fuera) + ducere (conducir, guiar). Su significado literal es “sacar hacia fuera” o “conducir fuera de sí mismo”.
- Educere → “extraer lo que está dentro”.
Por otro lado, inclusiva viene del latín includere, formada por in- (“dentro”) + claudere (“cerrar”). Originalmente, inclusio significaba “encerrar dentro de algo” o “contener en un todo”, pero con el tiempo su sentido evolucionó hacia “integrar” o “abrir un espacio donde todos quepan”.
Se complementan perfectamente:
- Educar sin incluir genera elitismo y exclusión.
- Incluir sin educar no transforma ni empodera.
- Juntas logran el equilibrio entre justicia y desarrollo personal.

Cuando un derecho no debería ser un privilegio
A menudo oigo: “La educación inclusiva es un derecho humano reconocido por la ONU y la UNESCO.” Y sí, suena importante. Como humana que habita el mundo, me toca. Me hace pensar que su incumplimiento debería tener consecuencias, aunque no siempre entienda bien el cómo, el cuándo, el dónde o el a quién afectan. Aun así, lo respeto profundamente… siempre que se me respete a mí también.
Y vuelvo a la misma pregunta que me ronda desde que aprendí a pensar:
¿Por qué no somos beneficiosos y justos con todos y con todo lo que nos rodea, si así viviríamos mucho mejor?
La respuesta que suelo darme es la ignorancia. Pero en el fondo no importa. Esto ya lo han pensado muchas personas antes; yo no vengo a inventar teorías, sino a pensar conmigo misma y con quienes me leéis.

La raíz de la autonomía
Auto- viene del griego autós, que significa “uno mismo”. Nomos, de nómos: “ley”, “norma” o “gobierno”. Juntas, forman autonomía: la facultad de gobernarse a sí mismo, de crear y seguir las propias reglas.
No hace falta ser un genio para entender que la educación es la base de la autonomía, y que esta, a su vez, es la balanza entre justicia y desarrollo personal. Sin autonomía, no podemos ejercer los derechos por los que tantas generaciones pasadas —y sus homólogos en el mundo— han luchado.

Ibiza: entre la teoría y la realidad
Entonces me pregunto:
¿Será que en España, y más concretamente en Ibiza, la mayoría de las personas no quieren ser autónomas?
Obviamente, ese no es el motivo. Las causas son otras, y las que mejor entiendo son la desmotivación y la falta de accesibilidad.
En Ibiza, buena parte de mis amistades dejó los estudios pronto. La economía turística tira mucho y muy pronto: aquí encontrar trabajo es fácil, siempre que no tengas ninguna diversidad que te lo impida. El coste de vida es alto y la precariedad se palpa en las familias. La presión económica convierte a la educación, en la práctica, en un privilegio más que en un derecho.
Además, existe una segregación escolar por nivel socioeconómico: algunos institutos concentran a estudiantes de una misma clase social o de determinados orígenes. Esto crea una brecha entre alumnado extranjero y autóctono, y acaba significando que quienes ya llegan con dificultades terminan en centros con menos recursos y peores condiciones, aumentando así la posibilidad de fracaso y abandono.

Y entonces…
¿Le damos otra vuelta a lo de si la educación es verdaderamente inclusiva?
Quizá todavía no lo sea del todo.
Pero cada vez que nos hacemos esta pregunta con honestidad, cada vez que miramos la realidad sin adornos y con deseo de comprender, ya estamos educando un poco al mundo.
¡Salud, café y muchas filosofadas!
🙂